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Un proceso de paz que deja enseñanzas al mundo.
Fuente: BBC Mundo

Hace décadas, una bomba del IRA (Ejército Republicano Irlandés) colocada en un cubo de basura en el centro de Londres arrojó al suelo a un joven colombiano que trabajaba para la Federación del Café.

Se trataba de Juan Manuel Santos, el ahora presidente de Colombia, quien esa noche caminaba por el lugar. Y eso lo motivó a seguir la atribulada historia de hacer la guerra, y la paz, en Irlanda del Norte.

"Cuando vi la fotografía de la reina estrechando la mano de uno de los líderes del IRA dije, 'Dios mío, esto sí es posible'", me dijo, años después, Santos, en la víspera de la firma de un histórico acuerdo de paz con uno de sus más viejos enemigos.

Y en un mundo dominado por guerras horríficas que duran por siempre, el acuerdo de Colombia con el movimiento guerrillero de las FARC se distingue como un momento extraordinario para este país y una rara afirmación del poder de las conversaciones de paz.

"Para nosotros es el momento más importante de nuestra generación", dijo uno de los negociadores colombianos, Sergio Jaramillo Caro, visiblemente emocionado, cuando nos reunimos poco antes de la ceremonia de firma en las afueras de la encantadora ciudad amurallada de Cartagena.

Oscuro capítulo

Como todos los invitados a este evento, Jaramillo se había vestido de blanco para marcar el fin de un oscuro capítulo que dejó más de un cuarto de millón de muertos y decenas de miles de secuestrados o desaparecidos.

"Lo que hemos visto en Colombia es un ejemplo de que si trabajas duro en ello,con mucho apoyo internacional, puedes obtener algo que merece la pena", afirmó, mientras un coro colombiano ensayaba la Oda a la Alegría de Beethoven a la orilla de la pintoresca bahía.