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De Vargas, en la mira.
Fuente: ABC Color

El 29 de junio del 2013, ABC Color denunció que la SENAD había comprado por más de US$ 2 millones un equipo para pinchazos telefónicos. Nicasio Bóbeda, un exfuncionario de Copaco y propietario de la empresa Televox, dijo entonces que no había ninguna irregularidad en el hecho de que su empresa –con un capital de apenas G. 60 millones– hiciera la millonaria transacción.

Más de tres años después, mientras el fiscal Martín Cabrera investigaba evasiones impositivas en Tributación, halló documentos de la compra de aquel equipo móvil de espionaje. La investigación fiscal hoy tiene en el centro de las denuncias a dos extitulares de la Senad, Luis Rojas y Francisco de Vargas (este último actual ministro del Interior). Si bien muchos dicen que es un movimiento para sacar de la competencia por la silla de la Fiscalía General al ministro De Vargas, nuestro diario accedió a documentos reveladores que guardarían correspondencia con el negociado y despiertan más grandes interrogantes aún (hay quien dice que el equipo nunca funcionó; hay quien tiene pruebas de que sí fue utilizado).

Varias irregularidades

La Fiscalía está reconstruyendo lo que habría sido una adquisición millonaria viciada de irregularidades: Se pidió autorización presidencial que nunca hubo pero igual se siguió el proceso. Contra toda lógica, apareció primero la factura de venta de Televox y recién después se firmó el contrato. La Fiscalía tiene documentos que prueban que días antes de que finalice el 2012 se hizo la entrega y recepción de los equipos por parte de la Senad. Esta parte es un auténtico misterio porque hay evidencias documentales de que los equipos ingresaron al Paraguay recién el año siguiente, en marzo del 2013, y de contrabando. Según Aduanas, la empresa Televox tiene apenas dos movimientos de importación en su haber: una del 30 de abril del 2013 por apenas 7.600 dólares en la que declararon disco duro, cables y otras nimiedades. Y otra del 3 de mayo del mismo año por unos 22.500 dólares, más o menos las mismas mercaderías. Ninguna de ellas especifica que se trataba de tecnología de última generación y por un valor de más de 2 millones de dólares en el mercado.